viernes, 15 de abril de 2011

Primera sentencia favorable para los propietarios de Los Chinchorros

Un juzgado obliga a la promotora a cumplir el contrato suscrito por dos hermanos en las condiciones pactadas en el año 2000

Se vende piso de 90 metros cuadrados y de nueva construcción con vistas al mar y junto al Paseo Marítimo. Su precio de venta es de 150.000 euros (25 millones de las antiguas pesetas). Los interesados, que deben ser muchos, absténganse de llamar a ningún teléfono porque este anuncio data del año 2000. Sin embargo, esas son las condiciones que pactaron dos hermanos en la compra de una de las viviendas que debían estar ya levantadas en Los Chinchorros. Once años después, estos propietarios no tienen ni piso ni perspectivas de conseguirlo en un periodo corto de tiempo. Pero al menos cuentan consigo con una sentencia que les da la razón frente a la promotora Arrecife Costa Bahía S. L., que quería modificarles el precio final de compra para ajustarlo al mercado actual. Se abre una ventana de esperanza para las decenas de afectados que siguen esperando una llave.

La primera sentencia favorable para este colectivo fue dictada el pasado mes por el juzgado de Primera Instancia nº 3 de Cádiz; si bien el fallo judicial ya ha sido recurrido por la promotora condenada.

Dos hermanos, representados por el letrado José Manuel Martínez Pérez, interpusieron demanda en el año 2009 tras los reiterados intentos de la promotora de modificar las condiciones de compra que habían pactado el 15 de septiembre del año 2000. La empresa alegó «imposibilidad sobrevenida de cumplir su obligación». Hay que recordar que la construcción de estas viviendas se ha encontrado con multitud de dificultades y a día de hoy, la promotora que asumió el desarrollo de esta zona no puede ejecutar la obra con los precios cerrados hace once años.

Enfrente están los propietarios, que son ajenos a estas vicisitudes y que debían disfrutar de sus casas desde 2004, según algunas previsiones. Algunos firmaron en su día unos contratos de compraventa, que ahora la promotora quiere modificar unilateralmente para salvar la promoción; otros, están realojados a la espera de la entrega de una casa nueva. La diversidad de acuerdos tampoco ha facilitado que esta zona por desarrollar termine por ejecutarse. Hoy apenas se ven algunas estructuras.

La jueza que ha dictado esta sentencia obliga a Arrecife Costa Bahía S. L. a cumplir las condiciones pactadas en el año 2000 por entender que existió una promesa de compra, «habiendo conformidad en la cosa y en el precio, que dará derecho a los contratantes para reclamar recíprocamente el cumplimiento del contrato».

La promotora argumentó en el juicio que el contrato que habían suscrito era un documento de reserva, que incluía una cláusula por la cual cualquiera de las partes podía deshacer lo acordado abonando, en concepto de indemnización, el dinero entregado por los propietarios más el 10% de la operación. Dicha cláusula indicaba textualmente que si antes del 31 de marzo de 2001, la promotora no había obtenido la licencia de obra, los futuros compradores podían renunciar a la operación.

Sin embargo, la jueza entiende que ese contrato no era un documento de reserva sino que especificaba claramente el tipo de vivienda que querían adquirir los compradores -90 metros cuadrados, tres habitaciones , en planta segunda y letra C- y que solo ellos tenían la facultad de dar por cancelado el acuerdo con la promotora. Los demandantes, sin embargo, han rechazado en multitud de ocasiones los intentos de Arrecife S. L. de resolver el contrato mediante el pago de una indemnización. Su deseo era señalar un día para entregar el resto del dinero apalabrado.

Estos hermanos entregaron 15.000 euros (dos millones y medios de pesetas) de señal por la vivienda y otros 1.500 por un trastero y un garaje. La promotora se encuentra entre la espada y la pared porque la entidad bancaria que está dispuesta a financiar la promoción exige una garantía del 70% de adhesiones de los propietarios a nuevas condiciones, que suponen un aumento del precio o una modificación en la tipología de la vivienda reservada. Al menos estos demandantes que han ganado el primer pleito de Los Chinchorros tienen un as de más para plantear una buena jugada. Puede que no sean los únicos, en los juzgados se acumulan más demandas por resolver.