miércoles, 9 de marzo de 2011

Un descuido de Entre Catedrales

El proyecto Entre Catedrales se encuentra en deterioro, visual y cultural desde su apertura hace ya casi un año y medio · Diez años de andadura y más de un millón y medio de euros para el 'recreo

Uno pasa por el Campo del Sur, y se detiene, impactado, por el proyecto construido entre la antigua y nueva catedral. Un proyecto que al margen de los gustos, llama la atención por su utilidad, y pronto viene la pregunta que cualquier otro ciudadano puede hacerse, ¿Qué se hace allí?
Me decido a subir, por una gran rampa, que algunos pueden pensar pueda ser también para subir algún paso de Semana Santa, pero no, es un espacio, parece ser de "recreo". Y qué recreo.
Una vez en la parte superior, me dirijo al mar, y sin ser sorpresa, me encuentro con pintadas y más pintadas. Las firmas y comentarios de personas aburridas que han ido a este espacio a "recrearse" estropean la proyectada visión del cristalino.
Seguimos el recorrido por el espacio, llueve. Y se escucha el agua, no la del mar, que también. Pero se escucha cerca, uno investiga y se acerca a la pared de piedra ostionera que se levanta junto a la Casa del Obispo.
Resulta que no está cubierto. Que termina el primer piso de este espacio sin rematarse con la fachada trasera de la casa eclesial.
Mirando hacia dentro, se divisan ruinas, las ruinas sobre las que se levantó el proyecto y que pretendían "conservarlo". Digo pretendían porque, además de botellas rotas, se encuentra lleno de agua.
El moho es visible y por tanto se puede deducir que el agua lleva estancada un tiempo. Bajo la rampa de nuevo para buscar otro punto de vista en el que ver el alcance de la entrada de agua. Pero antes de llegar otra sorpresa, entra agua también por el lateral. Los cristales que unen la estructura al suelo y que buscaban proteger los yacimientos, terminan unos veinte centímetros antes de la estructura, y por ahí entra el agua, bastante. El suelo, el del yacimiento, el que debía estar protegido, se encuentra visiblemente húmedo, junto a cables y otros materiales de una obra inacabada.
Sigo hacia la parte de atrás para confirmar lo que ya había visto desde arriba. Y sí, hay acumulación de agua, mucha, no son dos charcos, y ha entrado tocando las ruinas, las "protegidas".
Entre los que destrozan y los que no protegen, el espacio que debía servir de punto de encuentro del ciudadano o el turista con la cultura, parece haberse convertido en un lugar de retiro, abandonado, y sin valor, para sus responsables. Más allá del periódico abandonado sobre la mesa de playa que se encuentra dentro del complejo no parece albergar cultura. Y aún más, el turista que llega y desconoce qué es ese espacio, sin identificación informativa, encuentra un cartel publicitario en su interior, de la Casa del Obispo, un lugar digno de visitar, pero que desvalora este espacio.
Me marcho de allí y continuo mi camino. Intrigado por su verdadero uso, emprendo mi segundo paseo, esta vez, por la historia del proyecto.
La historia es larga, y se remonta al año 2000, en el que el Ayuntamiento encarga urbanizar este espacio al arquitecto Campo Baeza. No es hasta 2003 hasta cuando se presenta el primer esbozo de lo que ahora encontramos, ya por entonces visto como "un espacio para poner en valor el lugar más significativo de Cádiz". En 2007 se retrasa su construcción y se prevé su inicio para marzo de 2008. El 16 de octubre de 2009 se inaugura considerado por la propia alcaldesa como "un proyecto fantástico". Ya por entonces se pensaba que iba a ser "un lugar para botellones" o propicio para los actos vandálicos por las asociaciones de vecinos, a las que se les contestó que "no se instalarían cámaras de seguridad en la parte superior". Y no muy desacertados estuvieron. Dos semanas después aparecieron los primeros actos vandálicos y acumulación de botellas rotas de cristal. Pintadas en los bancos, en el suelo. Se respondió con la limpieza, y el gasto que ello supone, aunque eso sí, de unos materiales pensados para "limpiarse fácilmente".
Una historia, larga, de más de diez años, demasiados, para un lugar abandonado y en el que esta vez sí, la historia de verdad parece no estar presente.