domingo, 17 de abril de 2011

16/16: 32 años de democracia municipal en Cádiz

Este periodo está dividido a partes iguales entre el socialista Carlos Díaz y la popular Teófila Martínez, quien podrá superar a su predecesor si gana el próximo 22 de mayo

La primera noche como alcaldesa Teófila Martínez se dio una vuelta por las calles del casco histórico y observó preocupada como las bolsas de basura llenaban los portales de las fincas de intramuros. Dieciséis años antes, Carlos Díaz en su primer día como alcalde, también, de Cádiz, había recorrido unas calles que estaban sin asfaltar. Y también le preocupó.
Entre un recorrido y otro pasaron dieciséis años de vida gaditana, los mismos que Carlos Díaz, socialista, estuvo al frente de la alcaldía de la Cádiz y los mismos que han pasado desde ese paseo nocturno de Martínez, popular, hasta ahora, cuando cumple igualmente dieciséis años como alcaldesa de la capital.
Los dos llegaron a la Alcadía casi sin proponérselo. El socialista encabezó su candidatura por su mayor formación profesional; la popular aceptó casi a regañadientes. Los dos, sin embargo, se metieron de lleno en su nuevo cometido.
Un tercio de la población gaditana no ha conocido otro alcalde que Carlos Díaz o Teófila Martínez. Para la mayoría de ellos Jerónimo Almagro, Emilio Beltrami o José León de León de Carranza no tienen historia. Un tercio de vecinos que nacieron ya en democracia.
16 años de gestión socialista frente a 16 años de gestión popular. Este es un recorrido por 32 años de historia en Cádiz:
La ciudad que se encontraron
Carlos Díaz y la coalición de izquierdas que gobernó entre 1979 y 1983 se llevaron la peor parte pues el Cádiz que se encontraron era una ciudad en situación de auténtica ruina. El propio Ayuntamiento era ejemplo de ello, pues no existía una estructura administrativa mínima. Las telarañas mandaban en la tesorería municipal, agotada desde la ejecución del puente José León de Carranza, hasta el punto que las inversiones eran inexistentes desde hacía años.
El panorama era dantesco: barrios completos con calles sin asfaltar y, muchos, sin redes de saneamiento; un casco antiguo colapsado por la infravivienda; un alto nivel de desempleo con un sector industrial (astilleros, tabacalera, Campsa, aeronáutica) atravesando una profunda crisis; una nefasta red de comunicaciones, sin estacionamientos en el centro lo que incidía negativamente en un comercio tradicional antaño floreciente. La ciudad, además, carecía de equipamientos sociales y de centros culturales, mientras que la aún embrionaria Universidad subsistía en viejos edificios.
Esta dantesca situación obligó al gobierno de Carlos Díaz a realizar más de un apaño y centrar los que fueron sus primeros cuatro años de gestión en tapar agujeros ciudadanos. Habría que esperar al segundo mandato (1983-1987) para iniciar el desarrollo del primer Plan de Ordenación de la etapa democrática que paró de lleno la destrucción urbanística del casco antiguo propiciada por los gobiernos franquistas y del posfranquismo, iniciando así el modelo de ciudad propugnado por el PSOE. Comenzaron a levantarse centros culturales de barrio, se rehabilitó el Teatro Falla, nacieron festivales culturales, se apostó decididamente por la cesión de edificios para el crecimiento de la Universidad, se construyeron los primeros estacionamientos subterráneos públicos...
Junto a esta recuperación de la trama urbana la gran apuesta de estos primeros años fue la reforma integral del Paseo Marítimo. Adiós a las casetas en un proyecto que obtuvo premios nacionales y se llevó buena parte del dinero que la ciudad recuperó por el rescate del puente Carranza.
Teófila Martínez sí pudo entrar en un Ayuntamiento administrativamente preparado. Y se encontró calles y plazas arregladas, redes de saneamiento arregladas o en fase de ejecución; se encontró con un Plan Urban recién aprobado y centrado en los barrios del Pópulo y Santa María; el Teatro Falla ya reformado y una pequeña red de centros culturales... además del crecimiento espectacular de la fiesta del Carnaval.
Por contra, el primer gobierno del PP, y estamos en 1995, apenas se encontró con cambios en el decadente parque de viviendas del casco antiguo y sí, por contra, con las arcas tan vacías como las recibidas por los socialistas dieciséis años atrás.
Llevaba el gobierno de Carlos Díaz cuatro años con el grifo inversor cerrado ante la falta de recursos hasta el punto de verse obligado a vender casi el 50% de los históricos SMAES para aliviar la deuda con el Banco de Crédito Local (aquella que, al final, sólo pagó Cádiz pues otros municipios se libraron al serles condonada); por si fuera poco, el municipio era deudor con la Seguridad Social.
Junto a la necesidad de poner orden en las cuentas municipales, Martínez centró su primera etapa de gestión en la consecución del compromiso estrella de su programa electoral: el soterramiento de la vía férrea. Tendrá que esperar a un año y a la victoria nacional del PP para lograr sacar adelante este proyecto, así como la financiación especial de la ciudad. Será también la presencia de los populares en el gobierno local lo que obligue a la Junta de Andalucía a apostar por la rehabilitación del parque de vivienda de intramuros, aún a costa de limitar el derecho del Ayuntamiento a actuar sobre este problema.

Los grandes proyectos

El flamante Paseo Marítimo fue la gran obra de Carlos Díaz. Un cambio sustancial en la forma de vivir y ver el verano en la ciudad que se unió a una espectacular regeneración de la propia playa. Se dio así el primer paso para la conversión de Cádiz en una capital turística a lo que ayudó el exitoso Plan Hotelero. Pero frente a esta actuación, el legado socialista puede cuantificarse en obras de gran relevancia para el día a día de los ciudadanos pero de menor espectacularidad: arreglo de calles, plazas, servicios públicos, equipamientos sociales... Fue gracias al Plan Andalucía 92 cuando el Ayuntamiento proyectó 'obras emblemáticas' que deberían de ayudar al despegue de la ciudad: la Ciudad del Mar y el Museo del Mar, el Palacio de Congresos, y el Complejo Náutico Elcano. Sólo los dos últimos equipamientos salieron adelante pero la crisis financiera del final de etapa socialista y una errónea planificación de este Plan impidieron concluir las obras de los restantes, terminados con éxito por el PP. También destaca el Complejo Deportivo Ciudad de Cádiz y las obras de ampliación del estadio de fútbol.
Carlos Díaz dio también los primeros pasos para la construcción del tercer acceso a Cádiz, que quedó, sin embargo, en unos estudios previos y en una maqueta. Igualmente fallido resultó la Ciudad del Siglo XXI, que iba a levantar la constructora Dragados en los entonces terrenos ociosos de Astilleros.
Más efectivos han sido los gobiernos de Teófila Martínez a la hora de sacar adelante con éxito grandes operaciones urbanísticas. El soterramiento de la vía férrea, ejecutado en un tiempo récord y con menos coste de lo previsto, ha sido una obra esencial para la vertebración de la ciudad y especialmente Puerta Tierra, históricamente dividida en dos, y ha mejorado la calidad de vida de miles de ciudadanos.
Aunque estaban en un proceso de construcción muy avanzado, Martínez sí logró concluir con rapidez el Palacio de Congresos y el Centro Elcano. A ello ha unido en estos años más de una decena de aparcamientos subterráneos (el último, con 900 plazas, va unido a la recuperación, por fin, del paseo de Santa Bárbara), dos pabellones deportivos en intramuros y una nueva piscina cubierta en Puerta Tierra. Ha urbanizado los terrenos de Astilleros y ha impulsado la construcción, por parte del Gobierno central, del segundo puente. Y el PP también tiene su Paseo Marítimo: el que une Puntales (el barrio que más cambios positivos ha experimentado en la última década) con Astilleros. Mirando al mar, también ha sido relevante el uso de las playas como gran espacio dedicado al ocio ciudadano, solventando en parte la falta de espacios libres en el resto de la ciudad.
Segura su victoria el próximo mes de mayo, el gobierno de Teófila Martínez tiene aún en cartera concluir nuevos museos (Arte Contemporáneo, Títeres, Prensa, Carnaval) y la conversión de los Depósitos de Tabacalera en un gran centro cultural. Y terminar, como no, el renovado estadio Carranza, que se ha llevado buena parte de la capacidad inversora de los últimos años.
En estos 16/16 años de gobierno en la ciudad, la participación estatal y de la Junta ha sido también esencial, en buena parte bajo la presión del mismo Ayuntamiento: el nuevo hospital, la rehabilitación del casco antiguo, las actuaciones en el castillo de San Sebastián de cara al Bicentenario, la recuperación de patrimonio en manos de Defensa, el dinero del rescate del puente, las obras en la Catedral...
Estilos de gobierno
Si ha existido una clara diferencia entre los dieciséis años de gobierno de Carlos Díaz y los de Teófila Martínez, ésta ha sido la forma de gestionar la ciudad y a sus propios equipos.
Carlos Díaz sufrió la fortaleza del PSOE en Cádiz y Andalucía y la existencia de 'familias' políticas, especialmente conflictivas en la provincia. Él nunca estuvo adscrito a ninguna, por lo que se quedó solo en los momentos más conflictivos de su gestión y, al final, acabó por dejarle fuera en la carrera electoral de 1995, lo que después la dirección de los socialistas no dejó de lamentar.
A la vez, Carlos Díaz tampoco tuvo capacidad para elaborar a sus equipos según sus deseos. Estuvo rodeado desde un principio por pesos pesados del socialismo gaditano (muchos de ellos hicieron 'carrera' más tarde en la política andaluza), que quisieron tener siempre su propia parcela de poder hasta el punto de funcionar el Ayuntamiento a base de reinos de taifas. Cuando el alcalde quiso imponer su mando ocho de sus ediles se sublevaron creando un conflicto interno que amargó sus últimos años como alcalde.
Su carácter pausado, tranquilo y su extrema honradez le granjearon el cariño de los ciudadanos y el respeto de la oposición.
Teófila Martínez es totalmente diferente a Carlos Díaz en determinados aspectos, aunque es cierto que también tiene una gran capacidad de conexión con la gente de la calle, muy superior incluso a la del alcalde socialista y que también es austera y honrada. Desde su llegada a San Juan de Dios ha sido una obsesa del trabajo, para desesperación de sus concejales que solo 'descansan' cuando se encuentra de viaje, hasta el punto que en los primeros años apenas si se tomaba algún día de vacaciones. Hoy, incluso, cuando extiende sus jornadas de descanso desde el Ayuntamiento se tiende a ocultar esta situación como si ello fuera a afectar a la imagen de trabajadora de la primer edil.
Pero donde Teófila Martínez es radicalmente diferente a Carlos Díaz es en el control que desde un principio ha mantenido de su equipo, hasta el punto que el que se ha salido del tiesto ha acabado fuera del mismo, y en determinado casos incluso fuera del propio partido. Aunque sabe escuchar, la última decisión siempre ha sido la suya. En estos años de gobierno sólo ha aceptado la presencia de Jorge Moreno como su auténtico brazo derecho y el hacedor de buena parte de la gestión política del Gobierno. Un claro ejemplo de su forma de gobernar es la candidatura que presenta para el próximo mes de mayo: nada de reino de taifas ni de voces discordantes.
Apoyo exterior
Cuentan que en uno de sus viajes a Madrid para reivindicar inversiones para Cádiz, Carlos Díaz solo fue recibido por un secretario de Estado. Nada de ministros y, mucho menos, sentarse con el presidente del Gobierno. Fue otro de los lamentos tardíos del PSOE, cuando, ya en la oposición, reconocieron que no se había atendido de forma adecuada los intereses de la ciudad. Todo lo contrario que con Teófila Martínez.
La llegada al gobierno central del PP de José María Aznar le permitió a Martínez mantener conexión directa con éste y con ministros que fueron, al final, esenciales para el desarrollo de muchos proyectos ciudadanos, especialmente Rodrigo Rato y Francisco Álvarez Cascos. Apoyo inmediato para el soterramiento y algo más tardío para el segundo puente y fondos extraordinarios que salvaron las finanzas municipales, así como otras actuaciones que resultaron fallidas tras el cambio de gobierno en Madrid en 2004. Incluso la Junta se volcó con la ciudad tras la caída de los suyos, invirtiendo, hasta ahora, más de 100 millones de euros en la recuperación del casco antiguo de Cádiz y, ahora, en el Bicentenario de la Constitución de 1812.
Temas pendientes
Un tercio de los gaditanos no ha conocido más alcalde que Carlos Díaz o Teófila Martínez, porcentaje que se incrementará de aquí a cuatro años ante la victoria más que segura que se augura para la candidatura de la líder popular.
A pesar del extraordinario avance de la ciudad en estos 32 años, 16/16, aún quedan demasiados temas pendientes que solventar. Los relacionados con el Bicentenario son, lógicamente, los más recientes. Pero más allá de este evento esencial para nuestro propio futuro, quedan las elevadas cifras de desempleo, la imposibilidad física de dar vivienda a todo el que la reclama y el desarrollo de proyectos de gran calado: el puerto y su integración en la ciudad, la Plaza de Sevilla o la operación histórica en el polígono exterior de la Zona Franca

Diario de Cádiz - 16/16: 32 años de democracia municipal en Cádiz