lunes, 14 de febrero de 2011

Alcántara busca ya otra ubicación para su proyecto de acuario

El empresario gaditano desiste de instalarlo en el edificio Ciudad del Mar "ante el enquistamiento de Rafael Barra"

El empresario gaditano José Antonio Alcántara ha pasado a engrosar la que promete ser una larga lista de ex novios del emblemático edificio Ciudad del Mar. Desde mediados de 2009 anda por la ciudad de despacho en despacho con un proyecto bajo el brazo: un gran acuario centrado, sobre todo, en la diversidad marina de las aguas de la Bahía, cuya infraestructura contaría, además, con un atractivo restaurante y un salón de conferencias. El lugar de sus sueños y los de sus socios: el edificio Ciudad del Mar de Puerto América.
Pero la situación de "abandono" del inmueble por parte de su actual concesionaria, el Ayuntamiento de Cádiz, "y el enquistamiento mostrado en todo momento por parte del presidente de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz, Rafael Barra" han provocado que este empresario gaditano se quede al final con las ganas.
"Ya no sé como hacer para que Ayuntamiento, Junta y Autoridad Portuaria me hagan caso", afirma José Antonio Alcántara, por lo que el empresario ha optado por olvidarse del Ciudad del Mar y ponerse a la búsqueda de otro nuevo espacio para su acuario.
Para colmo, ya "desesperado", José Antonio Alcántara recuerda que lleva tiempo intentando ser recibido por el delegado provincial de Obras Públicas, Pablo Lorenzo, "para intentar darle un impulso a mi proyecto. Tengo una idea, socios, dinero pero reconozco que me he equivocado pensando que encontraría colaboración por parte de Rafael Barra, pero no ha sido así". Pero a pesar de todo, Alcántara sigue en sus trece con la idea de su acuario. Un acuario que sigue proyectando sobre suelo del termino municipal de Cádiz. Y así se lo ha expresado, según confiesa Alcántara, al propio Ayuntamiento.
Por contra, José Antonio Alcántara afirma que durante estos días ha mantenido algún encuentro con la empresa que se ha hecho con la gestión y explotación del futuro acuario que se está construyendo en el puerto de Sevilla.
Allí, el acuario, a pesar de haberse encontrado con múltiples escollos es ya una realidad. Tanto es así, que el director del puerto de Sevilla, Fausto Arroyo, anunciaba la intención del organismo que dirige de abrir al público el acuario sevillano, que recibirá el nombre de Acuario de Las Delicias, en la Navidad de 2011.
En la misma entrevista que se publicó en su día en Diario de Sevilla, Fausto Arroyo, respondía a la pregunta sobre qué le parecía que todavía hubiera quien pensara que un acuario no es un "negocio rentable". A esto, Arroyo fue tajante y afirmó que "un negocio es bueno o malo si encuentras a un inversor para desarrollarlo".
En esta respuesta se apoyaba ayer el empresario gaditano José Antonio Alcántara para decir que "la Autoridad Portuaria ha procedido siempre poniéndome delante todos los muros posible, a pesar de haberle probado en varias ocasiones que nuestro proyecto podía ser rentable y realizable, que no es poco".
Es cierto que la construcción del acuario de Sevilla quedó paralizada porque la empresa que inicialmente ganó el concurso para su adjudicación, la sociedad Acuario Nuevo Mundo, se quedó sin unas ayudas económicas europeas que dejaron a esta firma en una difícil situación que terminaría meses después con la caducidad de la citada concesión y la puesta en marcha de un nuevo concurso.
La empresa que se hará ahora cargo de la gestión y explotación del proyecto es Acuario del Descubrimiento S.L.
El acuario que el puerto de Sevilla tiene proyectado en su Muelle de las Delicias pretende ser "un gran museo que unirá el río Gualdaquivir con el descubrimiento de América a través de tres ecosistemas: el propio del río Gualdaquivir, con sus marismas y hasta la desembocadura por Sanlúcar de Barrameda; el Océano Atlántico y la llegada a América en la zona del Caribe", según la empresa adjudicataria. El acuario sevillano celebrará también actividades didácticas y talleres para escolares, contará con tienda de recuerdos, cafetería y un auditorio con capacidad para 250 personas para la celebración cursos monográficos.