jueves, 14 de octubre de 2010

A la espera de los grandes proyectos

La conclusión de la restauración del Castillo de San Sebastián, el museo del carnaval y el hotel de Valcárcel se convierten en obras claves para el barrio

El barrio de la Viña se encuentra a la espera de la resolución de varios proyectos que se van postergando en el tiempo y que paralizan la posible revitalización económica de la zona. Mientras, los viñeros se asoman a La Caleta y observan el Castillo de San Sebastián, que se pretende convertir en el edificio de referencia en la celebración del Bicentenario, con la duda de cuál va a ser el futuro de su barrio, que para las cosas buenas y para las malas disfruta de un sello especial y característico. Una antigua zona de viñedos donde saben sacarle el jugo a las cosas, con un estilo de vida que puede llegar a convertirse casi en religión.
Uno de los proyectos que se encuentra paralizado es el del hotel de lujo que se ubicará en el antiguo edificio del Valcárcel. Se quiso tener la obra terminada para el Bicentenario en 2012 y a falta de 16 meses para la fecha aún no se tiene claro ni cuando comenzará. Este nuevo centro hotelero sería un foco económico para el barrio que atraería un turismo de lujo hasta ahora inexistente en Cádiz, con un aparcamiento que aportaría miles de plazas a la zona y lo que obligaría a dotar el barrio de servicios complementarios para cubrir las necesidades de los visitantes. La presidenta de la asociación de vecinos Gades del barrio de la Viña, Catalina Cadenas, reconoce que la creación de este nuevo hotel de lujo "daría mucha vida al barrio y tendrían que hacerlo ya, porque en proyecto hay muchas cosas". Lo que les interesa es que esos proyectos se hagan realidad.
La asociación de vecinos también hace su labor social. Uno de los aspectos que cubren es la del reparto de alimentos a unas 300 familias con pocos recursos. Cadenas reconoce que "este servicio se eliminó pero se ha vuelto a poner". Además, explica que "hay personas que antes vivían bien y ahora necesitan ayuda, ya que hay mucha necesidad, bastante". La presidenta pide para su barrio la instalación de más papeleras y ha pedido al Ayuntamiento la colocación de parques infantiles. Para Cadenas, "si ya de por sí hay pocas plazas en La Viña en ellas no hay nada para los niños".
En la taberna El Albero de Joselito Rebujina se encuentra el cantaor flamenco Juanito Villar, que opina que "el barrio está que quita el sentío" y considera que "están saliendo niños jóvenes que tienen calidad". Junto a él Joselito Rebujina, el dueño de la taberna, explica que "ahora el barrio lleva unos años mejor, los bares han renovado el mobiliario de las terrazas y en verano hay mucho turismo". Incluso, como afirma Rebujina, "en La Caleta, que antes era familiar, se ven franceses y alemanes".
El carnaval es una de las señas de identidad del barrio de la Viña y el proyecto del museo del Carnaval es otra de las grandes iniciativas que se encuentra paralizada y que ve como se aleja del objetivo de estar lista en el 2012. La Viña es el lugar de referencia para el carnaval. En la peña El Molondro se encuentra Francisco Abeijón Carapalo, que es el relaciones públicas de la peña y explica como "a cada barrio lo han dotado de algo especial y a La Viña le ha tocado el carnaval". La vida en la peña se hace a diario entre la charla con los amigos y las partidas de mus, tute o dominó, además de las distintas convivencias que se hacen durante el año.
Otras de las peñas señeras es la del Erizo. Se encargan de organizar todos los años la erizada popular previa al concurso de agrupaciones. Antonio Rueda es su presidente y reconoce que "el sitio del carnaval es La Viña". En el local tienen una colección de muñecos con los tipos de todas las agrupaciones que han pasado por la erizada y otras agrupaciones importantes del carnaval. El presidente de la Federación de Peñas y Entidades Caleteras, Manuel Henry, también es miembro de la peña de La Palma el Purri y concluye que "lo que hace falta es dinero para organizar más actividades". Aunque lo que abundan son peñas carnavalescas, Henry explica que "también contamos con una asociación de cargadores o una asociación deportiva", entre otras.
En la peña de La Salle Viña, Manolo Torres disfruta de la compañía de otros peñistas. Torres ha conseguido en seis ocasiones el reconocimiento de la Aguja de Oro de Canal Sur por los tipos del coro de La Salle que viste, el de su peña. Hace referencia al reducido espacio de los locales de las peñas y explica que "es preferible así, aunque un espacio pequeño tiene sus pros y sus contras es más acogedor". El presidente de la peña La Salle Viña es José Ignacio Burgal. La nueva junta directiva se ha formado con la intención de reactivar la vida de la peña y atraer a gente joven que se comprometan. Desde La Salle admiten, que a diferencia de otras entidades "el coro le da mucha vida, además de otras actividades que se hacen como la Semana Cultural a principios de julio y otros actos y convivencias durante el año". Parte de esta renovación también la lleva a cabo José Carlos Arjona, el actual director del coro de La Viña. La intención, según Arjona, es reivindicar la presencia del coro para que se sepa que "estamos aquí otra vez".
Pero, esa renovación no llega del todo. O por lo menos es lo que opina Pedro Vergara, el presidente de la peña El Quini: "En las peñas se está perdiendo la juventud, no quieren ligarse a nada". Vergara reconoce que no sabe qué pasará en unos años con las peñas si no hay renovación. En la peña El Quini también se sitúa el Aula de Cultura e Investigación del Carnaval de Cádiz. Una iniciativa que pretende tener un archivo y un centro de documentación de datos que, para Pedro Vergara, "en su día, si se hace el museo del carnaval, tendrá que estar allí".
La vida universitaria también es una de las protagonistas de las calles viñeras. Las facultades de Ciencias Económicas y Empresariales, en el antiguo hospital de Mora, y la de Ciencias del Trabajo aportan una población joven y estudiante que hacen vida en el barrio durante las horas de clase y que, en el caso de los estudiantes foráneos, se convierten en unos vecinos más durante los meses del curso. Alonso es Vejer de la Frontera, tiene 19 años y lleva dos viviendo en el barrio de La Viña. Estudia empresariales y no piensa cambiarse, está "muy contento". Una de las cosas que más le gusta "es la playa de La Caleta" pero, según opina "podría estar un poquito más limpia".
Esa es una de las joyas que tienen los viñeros, la única playa de la que dispone el casco antiguo. La Caleta se convierte en el baluarte de las coplas del carnaval, en el centro de la convivencia familiar y vecinal de las largas tardes de verano y un enclave de referencia para los turistas que va en busca de paisajes de postal. Es un contrapunto al resto de las playas de Cádiz. En ella se encuentra el Club Marítimo Gaditano La Caleta y su paseo se va a convertir en un espacio abierto cuando se elimine el edificio del colegio de educación infantil y primaria Santa Teresa y se concluya la reforma del acceso al castillo de Santa Catalina.
En los últimos meses se ha creado una plataforma, Salvemos La Caleta, que reivindica un modelo de turismo social y sostenible. José Antonio Sánchez, portavoz de la plataforma, cree que "es compatible un espacio ciudadano y público" y expresa que "se sigue reivindicando que no se realicen las obras exteriores en el entorno del castillo de San Sebastián". Desde el Consorcio del Bicentenario se han retractado respecto a la iniciativa de esas obras. Sin embargo, desde la plataforma explican que "han dejado la puerta abierta a la ampliación del paseo de acceso al castillo". Ya llevan recopiladas unas 10.000 firmas y piensan seguir recopilando hasta llegar a las 20.000, además de elaborar el proyecto para solicitar a la Junta que se valore a la Caleta como monumento natural.
Un enclave peculiar, un ambiente distinto al de otros puntos de la ciudad. El barrio de La Viña se convierte en una cultura aparte, dentro de la mismísima capital gaditana. Una forma diferente de entender la vida, de enfrentarse al día a día. Como los son los buenos vinos, una exquisitez que pocos paladares saben disfrutar.