viernes, 17 de junio de 2011

La Punta olvidada de la ciudad

Uno de los balcones más atractivos de la Bahía sigue siendo un espacio totalmente desértico, abandonado y sin uso alguno salvo el de los vecinos que acuden hasta allí para aparcar sus coches

Es una de las zonas más privilegiadas de la ciudad. Miles de metros cuadrados de espacio abierto, con uno de los balcones más privilegiados a la Bahía. Pero después de numerosas ideas, proyectos, intentos y debates, la Punta de San Felipe sigue siendo actualmente la zona más olvidada de la ciudad. Potencialmente tiene mucho que decir, ya que se conjuga las impresionantes vistas al mar (desde allí se ve la muralla de la ciudad, la Bahía, el muelle y El Puerto de Santa María) con la ausencia de viviendas (por lo que se evitarían posibles molestias) y la amplitud del Paseo Pascual Pery. Pero la realidad es bien distinta.
La ciudad que se abre más allá de la Plaza de Filipinas es prácticamente inexistente, salvo para unas pocas miles de personas durante los fines de semana. Los signos de abandono de todo el paseo son palpables. Suelos destrozados, hierros oxidados, zonas verdes sin verde... Y silencio, mucho silencio.
La entrada a la Punta refleja bien lo que el paseante se va a encontrar hasta llegar a Puerto América. Numerosas bóvedas sin actividad alguna y una cabina de teléfono sin teléfono dan la bienvenida. Si se opta por cruzar por abajo, siguiendo la carretera, una hilera de pubs -epicentro de la movida juvenil- separan del paseo Pascual Pery. Pero si se hace por la parte superior, lo que debiera ser un mirador que atrayera al turista a tener unas destacadas vistas de la ciudad es un espacio más propio de barrios polémicos de películas norteamericanas. Las pantallas de cristal que separan de la muralla no existen; y las pocas que siguen están rotas. Pintadas, óxidos y destrozos es lo único que se encontraría el turista que se atreviera a subir, además del mal olor.
Peor situación es la del Paseo Pascual Pery (una vez se sube la cuesta), cuya única utilidad actualmente es de bolsa de aparcamiento de muchos residentes del casco histórico, condenados a llegar hasta allí para poder dejar sus vehículos. Y el sitio aquí también se cotiza alto. El resto son jardines y parterres totalmente descuidados, aceras levantadas, farolas que faltan, y una gaviota que remata la estatua de Gades, rodeada de malos olores y botellas en lo que debiera ser una fuente.
Al bajar de nuevo la cuesta que hay a continuación de la estatua la situación no mejora. El panorama sigue siendo desolador: maleza, abandono, inactividad... El remate del estado en que se encuentra la Punta de San Felipe es el edificio de Puerto América, abandonado a su suerte desde hace muchos años y que hoy espera un futuro aún incierto.
El Ayuntamiento quiere ahora transformar completamente esta zona. Construir edificios bajos en el Paseo Pascual Pery, que irían destinados a actividad hostelera y comercial, además de oficinas; y trasladar el tráfico a terrenos portuarios, incluyendo la construcción de un aparcamiento de más de 1.200 plazas. Una actuación más que necesaria para una zona incomprensiblemente abandonada en una ciudad con tanta carencia de espacios. Un desierto urbano donde los gatos son los únicos que pasean.
Menos mal que el final del camino puede concluir con un buen dobladillo, especialidad del bar que resiste a tanto abandono.